Breviario de campaña electoral - Quinto Tulio Cicerón

Author: Juan Nadie / Etiquetas:




En el año 64 a. C., Marco Tulio Cicerón inicia su campaña electoral para el consulado romano. Al hilo de este hecho, su hermano menor Quinto, con quien se carteaba a menudo, le envía una epístola aconsejándole sobre la forma de actuar para ganar las elecciones. En julio de ese mismo año, Marco obtiene el consulado por unanimidad, frente a Gayo Antonio Híbrida y Lucio Sergio Catilina.
Más de dos mil años después, las recomendaciones del pequeño de los Cicerón siguen siendo sorprendentemente actuales. Lean, lean:




Epístola de Quinto Tulio Cicerón a su hermano Marco

Commentariolum petitiones (Apuntes sobre las elecciones)


I
Aunque estás dotado de todo lo que los hombres pueden adquirir con el talento, la experiencia o la dedicación, no obstante, por el afecto que nos une, he juzgado conveniente explicarte por escrito lo que, día y noche, acudía a mi mente cuando pensaba en tu candidatura. No es mi intención que aprendas nada nuevo de ello, aunque sí quiero presentarte, con orden, método y unidad, algunas ideas que, de hecho, parecen desligadas e indefinidas. Por mucha fuerza que tengan por sí mismas las cualidades naturales del hombre, creo que, en un asunto de tan pocos meses, las apariencias pueden superar incluso esas cualidades.

Considera qué ciudad es ésta, a qué aspiras, quién eres. Casi a diario, cuando desciendas al foro, debes reflexionar sobre esto: "Soy un homo novus,1 aspiro al consulado, ésta es Roma".

Compensarás la condición de homo novus con tu fama de orador, cualidad que siempre ha gozado de la más alta estima: aquel a quien se juzga digno de ser abogado de los excónsules no puede ser considerado indigno de acceder al consulado. Por lo tanto, ya que dependes de esta reputación y puesto que todo lo que eres se lo debes a ella, tendrás que presentarte siempre tan bien preparado para hablar como si en cada una de las causas se fuera a someter a juicio todo tu talento. [...] Después, haz ostentación tanto de la gran cantidad de amigos que tienes como de la alta condición social de los mismos, porque ¿cuentas con lo mismo que con lo que han contado otros novi?: todos los publicanos,2 casi la totalidad del orden ecuestre,3 muchos municipios que te son incondicionales, muchos ciudadanos de cualquier estamento social a los que has defendido, algunos colegas, por no hablar de un buen número de jovencitos unidos a ti en el estudio de la elocuencia, y el apoyo diario y constante de tus numerosos amigos. Procura conservar todo esto, a base de advertencias, de ruegos y de toda clase de medios, para que aquellos que te deben algo y aquellos que desean debértelo se den cuenta de que no van a tener más oportunidad que ésta, los unos, de demostarte su agradecimiento, y, los otros, de convertirse en deudores tuyos. [...]

Cuentas con muchas personas, haz que sepan la importancia que les das. Si consigues que deseen apoyarte los que están indecisos, éstos te ayudarán mucho.

II
Supone asimismo una gran ayuda para tu condición de homo novus el que, acerca de tus oponentes nobles, nadie se atreva a afirmar que su nobleza les va a ayudar a ellos en mayor medida que a ti tus cualidades. [...] Así pues, date cuenta de que hombres procedentes de las familias más importantes, al carecer de fuerza propia, no se pueden comparar contigo. [...]

V
Una candidatura a un cargo público debe centarse en el logro de dos objetivos: obtener la adhesión de los amigos y el favor popular. Conviene que la adhesión de los amigos nazca de los favores, de los deberes de la amistad, de la antigüedad de la relaciones y de un temperamento amable y cordial. Pero la palabra "amigo", cuando eres un candidato, tiene un significado mucho más amplio que en tu vida corriente; de hecho, todo el que te demuestre alguna simpatía, que te trate con deferencia y que vaya a menudo a tu casa, ha de ser incluido en el círculo de tus amistades. [...]


Después, es necesario crearse amistades de cada una de estas clases: para las apariencias, hombres de familia y cargo ilustres que, aunque no se esfuercen en hacerle propaganda, al menos aumentan en algo la dignidad del candidato; amigos para garantizarse la protección de la ley, los magistrados (y entre ellos, primero, los cónsules, y luego, los tribunos de la plebe4) y amigos para conseguir el voto de las centurias, hombres que gocen de una influencia muy particular. Pon especial insistencia en procurarte y asegurarte el apoyo de quienes tienen, o esperan tener, gracias a ti, el dominio de una tribu, de una centuria o cualquier otro beneficio. [...]

VI
Por otra parte, dado que hay tres cosas en concreto que conducen a los hombres a mostrar una buena disposición y a dar su apoyo en unas elecciones, a saber, los beneficios, las expectativas y la simpatía sincera, es preciso estudiar atentamente de qué manera puede uno servirse de estos recursos. [...]

VII
Si bien es necesario sentirse de antemano respaldado y protegido por unas amistades sólidas, no obstante, durante el período electoral, también uno se gana un buen número de amigos muy útiles. En efecto, entre tantos inconvenientes, la situación del candidadto tiene esta ventaja: puedes hacer con dignidad lo que durante el resto de tu vida no serías capaz de hacer, a saber, aceptar la amistad de quien te plazca, de aquellos con los que, si hubieras intentado relacionarte en otro tiempo, habría parecido que obrabas de manera improcedente; en cambio, si durante el período electoral no hicieras esto con muchas personas y poniendo gran empeño en ello, no parecerías un candidato. [...]

VIII
[...] Lo primero que debes hacer salta a la vista: rodear de atenciones a los senadores, a los caballeros romanos y a cuantos hombres emprendedores e influyentes haya en todos los demás estamentos. Son muchos los ciudadanos activos y muchos los libertos emprendedores e influyentes que frecuentan el foro: pon el mayor empeño, valiéndote de tus propios medios o de las amistades comunes, en hacer partidarios tuyos a todos los que puedas; sal a su encuentro, enviáles emisarios, muéstrales la gran importancia de los servicios que te prestan.

A continuación, dedícate a la ciudad entera, a todas las corporaciones, a las aldeas, a los barrios; si te ganas la amistad de los hombres más importantes de estos grupos, podrás fácilmente, gracias a ellos, contar con el resto. Después ten presente en tu corazón y en tu memoria a Italia entera, compuesta y formada por tribus, y no permitas que haya ningún municipio, ninguna colonia, ninguna prefectura, en fin, ningún lugar de Italia, en el que no tengas el apoyo suficiente. Busca y sigue la pista de los hombres de cada lugar, conócelos, sal a su encuentro, asegúrate su adhesión, procura que hagan campaña a tu favor entre sus vecinos y que, por así decirlo, se conviertan en candidatos por cuenta tuya. [...]

IX
Y ya que he mencionado el séquito, cabe decir que también has de preocuparte de este asunto, de manera que a diario dispongas de un acompañamiento de toda categoría, clase social y edad, pues, precisamente de la afluencia del séquito se podrá deducir con qué fuerzas y con qué medios vas a contar en el Campo de Marte.5 Hay tres clases de componentes: los que van a saludarte a tu casa, los que te acompañan al foro y los que te siguen a todas partes.6 [...]

X
[...] Una vez te hayas asegurado la devoción de tus amigos, estudia entonces los motivos y las peculiaridades de tus detractores y enemigos. Los hay de tres clases: los que se han visto perjudicados por ti, los que sin motivo alguno no te aprecian, y, finalmente, los que son muy amigos de tus competidores.

Por lo que se refiere a cuantos has perjudicado al actuar en su contra para defender a un amigo, justifícate ante ellos claramente, apela a tus deberes como amigo y hazles concebir la esperanza de que, si ellos te brindan su amistad, también te ocuparás de sus asuntos con la misma dedicación y el mismo sentido del deber. Ante los que, sin motivo alguno, no te tienen aprecio, dedícate enteramente a alejar de ellos ese sentimiento hostil haciéndoles algún favor, dejándoles creer que se lo vas a hacer o manifestando gran interés hacia sus personas. Con quienes muestran la peor disposición hacia ti, dada la mistad que les une a tus rivales, válete de los mismos medios que vas a emplear con los anteriores, y si coinsigues hacer que te crean, da muestras de afecto incluso hacia tus mismos competidores.

XI
Como ya he hablado bastante sobre la manera de trabar amistades, es preciso que trate ahora otro aspecto de la candidatura que atañe a la manera de ser del pueblo. Éste desea que el candidato lo conozca por su nombre, lo halague, mantenga un trato asiduo con él, sea generoso, suscite la opinión popular y ofrezca una buena imagen en su actividad pública.

Para empezar, haz que salten a la vista tus esfuerzos por conocer a los ciudadanos y exagéralos a fin de mejorar día a día estas relaciones: no hay nada, me parece, que haga a un candidato tan popular y tan grato. Después, convéncete de que es necesario simular aquellas cualidades que no posees por naturaleza de tal manera que parezca que actúas con toda espontaneidad. De hecho, no es que te falte esa afabilidad propia del hombre bondadoso y amable, pero también es muy necesaria la adulación, algo que, aunque en la vida corriente constituya un defecto vergonzoso, se hace imprescindible en una candidatura. Es verdad que la adulación es reprobable cuando los halagos corrompen a un hombre, pero cuando lo hacen más amistoso, entonces no tiene por qué ser tan censurada; resulta imprescindible para un candidato cuyo aspecto, cuya imagen y cuyas palabras deben variar y adaptarse a las opiniones e inclinaciones de todos con los que se encuentre. [...]

XII
Gayo Cota,7 un maestro en estrategia electoral, solía decir que tenía por costumbre prometer a todo el mundo sus servicios, a no ser que le pidieran algo en contra de su deber, y que se los ofrecía a aquellos a cuya disposición juzgaba muy conveniente estar. No decía no a nadie. [...]

Las promesas quedan en el aire, no tienen un plazo determinado de tiempo y afectan a un número limitado de gente; por el contario las negativas te granjean, indudable e inmediatamente, muchas enemistades: y es que son más las personas que piden poder disfrutar de los servicios de uno que las que, de hecho, acaban disfrutando de ellos. Así pues, es preferible que, de vez en cuando, unos pocos se enfaden contigo en el foro, a que lo hagan todos a la vez y en tu casa, habida cuenta sobre todo de que se enfadan mucho más con los que les han dado una negativa que con aquel que, al parecer, se ve impedido a ayudarles por algún motivo importante, pero que, si de algún modo pudiera, cumpliría gustosamente con su promesa. [...]

XIII
A continuación debo hablar de la opinión pública, algo que ha de preocuparte muchísimo. [...]

[...] Procura que toda tu campaña se lleve a cabo con un gran séquito, que sea brillante, espléndida, popular, que se caracterice por su grandeza y dignidad, y, si de alguna manera fuera posible, que se levanten contra tus rivales los rumores de crímenes, desenfrenos y sobornos, algo que no desentonaría con sus costumbres. [...]

XIV
Estas son las cosas que, no es que las sepa yo mejor que tú, pero sí que he creído poder, con mayor facilidad de la que a ti te permiten tus muchas ocupaciones, aunar y enviarte por escrito. Sin embargo, no lo he hecho de manera que sirvan para todo el que quiera aspirar a una magistratura, sino para ti en particular y para esta candidatura tuya en concreto; de todos modos, si te parece que hay algo que se tenga que cambiar o suprimir del todo, quiero que me lo digas, porque deseo que este breviario de campaña electoral sea considerado perfecto en todos los aspectos.
Traducción y notas de Alejandra de Riquer


1 El concepto de homo novus es difícil de precisar: en términos generales, hace alusión a aquella persona que, careciendo de antepasados nobles, es decir, sin tradición familiar en el Senado y en las magistraturas, llega a ser el primero de su familia que accede a uno de estos cargos políticos y que transmite, así, la nobleza a sus descendientes. Éste fue el caso de Marco Tulio Cicerón, que se convirtió automáticamente en senador al desempeñar, en el año 75 a. C., el cargo de cuestor en Sicilia, y que fue después, en el 66 a, C., pretor, lo que le permitió acceder al consulado. Los homines novi -a veces denominados simplemente novi- solían ser menospreciados por la antigua nobleza, que los consideraba unos advenedizos. 
2 Los publicanos eran los que habían alquilado al Estado la recaudación de diversos tipos de impuestos; estaban organizados en sociedades de accionistas y gozaban de mucha influencia política y social. 
3 Cicerón pertenecía al llamado orden ecuestre, designación ésta que hace referencia al origen militar, la caballería, de sus componentes; éstos pasaron después a constituir un grupo social, formado por patricios y plebeyos, muy enriquecido gracias a los negocios, al cobro de tributos y a otras actividades financieras a las que la nobleza política no podía dedicarse. 
4 Los tribunos de la plebe eran los magistrados encargados de defender y representar a la plebe ante las autoridades patricias. 
5 El Campo de Marte era una llanura situada a lo largo del Tíber, donde tenían lugar reuniones del ejército, se hacían prácticas militares y se daba cobijo a los electores el día de la votación. 
6 Llamados respectivamente salutatores, deductores y adsectatores
7 Gayo Aurelio Cota era un famoso orador que fué cónsul en el año 75 a. C.

2 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Será que alguna vez los políticos (que siempre debieron "actuar" su interés por los problemas, necesidades y reclamos de su electorado) se propusieron más servir al pueblo que servirse del pueblo?... Será que en aquel tiempo buscando el bienestar general aspiraban a lograr su bienestar personal y no al revés?...

Juan Nadie dijo...

¿Servir al pueblo, antes que servirse del pueblo? ¿Eso, cuándo fue? Me temo que no hay memoria. Ni Clío la tiene.